Hay campeonatos que se ganan en la cancha y otros que se quedan grabados para siempre en la historia.
Yo tuve la oportunidad de ser parte de aquel grupo de chavalos que decidió desafiar las circunstancias de una época difícil de nuestra Nicaragua. Sin embargo, mis padres, por temor a que fuera expulsado del colegio, no me permitieron participar.
Hoy comprendo sus temores, pero también recuerdo con profunda admiración a aquellos compañeros que tuvieron el valor de jugar, competir y coronarse campeones nacionales, aun sabiendo las consecuencias que podían enfrentar.
No fue simplemente un campeonato de fútbol. Fue una demostración de amistad, carácter, valentía y amor por el deporte.
Aunque no pude acompañarlos dentro de la cancha, siempre he sentido un enorme orgullo por lo que lograron.
Ustedes ganaron un campeonato, pero también escribieron una página inolvidable de nuestra juventud.
Treinta y tres años después, esta historia merece ser contada, recordada y admirada.
Porque hay victorias que se celebran una tarde, pero hay hazañas que se recuerdan toda la vida.
¡Un abrazo y mi admiración para todos aquellos campeones! 

